Memorias De Una Pulga Tomo 2 May 2026

Y allí, sobre la almohada de plumas de cisne, ocurrió lo que ni el mismo Arzobispo habría podido bendecir. La pulga, testigo ocular, saltó al ombligo de la doncella cuando él besó aquella parte que ningún breviario menciona como sagrada. Descubrí entonces que los besos más pecaminosos no son los que se dan en la boca, sino aquellos que se disfrazan de absolución.

—El pecado no está en la obra, sino en la intención. Si tú me limpias la frente con tus dedos... ¿eso es acaso lujuria?

Me instalé en la peineta de la joven Dama Elvira, cuyo esposo, el Marqués de la Deuda Eterna, pasaba las noches firmando cheques en lugar de firmar caricias. Ella, por su parte, recibía al jefe de su guardia personal, un hombre de bigote tupido y manos de herrero que leía a Quevedo con voz de trueno. memorias de una pulga tomo 2

Allí reposaba su doncella, una joven llamada Sor Inés, cuyo hábito apenas lograba ocultar la geografía de un cuerpo que pedía a gritos un mapa menos piadoso. La pulga que les escribe se paseó aquella madrugada por el valle de su nuca, y sentí el calor del Obispo acercarse. No era calor de rezo. Era el fuego de un hombre que lleva treinta años negándose a sí mismo.

Allí, en el baile de sus caderas, la pulga aprendió que el adulterio no es más que el intento del cuerpo de recordarle al corazón que aún late. Y que el único pecado verdadero es aburrirse. Y allí, sobre la almohada de plumas de

La primera noche que pasé en la cabecera del Obispo, creí hallar el reposo eterno. ¡Ingenuo! Sus rezos antes de dormir eran largos, mecánicos, como quien ensaya un papel. Pero en cuanto apagaba la vela, sus manos —largas, pálidas, de uñas cuidadas— comenzaban un viacrucis muy distinto.

Fin del fragmento del Tomo 2 de Memorias de una Pulga . —El pecado no está en la obra, sino en la intención

—Sí, padre... quiero decir, excelencia —respondió ella con voz de miel a punto de derramarse.